Nota: Agradecemos su comprensión por los errores involuntarios en la traducción.

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Domingo XXXI Ordinario

«Tu Señor te compadeces de todos, aparentas no ver los pecados de los hombres para darles ocasión de arrepentirse»

Sab 11, 22-12,2

Hasta ahora, san Lucas, en su Evangelio, no solo se ha limitado a defender a los pobres y a anunciarles un futuro definitivo mejor, también ha criticado con enorme dureza a los ricos. Ha puesto en boca de María, en el Magníficat, unas palabras más propias de una anarquista que de una monja de clausura, cuando alaba a Dios porque «derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos.» 

 

Y Jesús se muestra aún más duro en el Discurso de la llanura (equivalente al Sermón del Monte de Mateo): «¡Ay de ustedes, los ricos, porque ya tienen consuelo! ¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados, porque pasarán hambre! ¡Ay de los que ahora ríen, porque llorarán y haréis duelo! (Lc 6,24-25). El ejemplo más claro lo hemos escuchado en domingos pasados cuando el rico que llora y hace duelo en la parábola del rico y Lázaro, que no podrá disfrutar de una eternidad feliz.

 

¿Significa esto que ningún rico puede salvarse? ¿Qué ocurre cuando se trata de un rico explotador?  La respuesta la da Lucas en el Evangelio de hoy. 

 

1. Jesús no le pide a Zaqueo que lo invite a comer, le dice que quiere alojarse en su casa. Se trata de algo mucho más personal. Cuando Jesús continúe su camino, seguirá presente en la casa y la vida de Zaqueo.

 

2. La conducta de Jesús resulta escandalosa. Esta vez no escandaliza a fariseos y escribas, a seglares piadosos y teólogos rancios, sino a todos sus seguidores y partidarios, que han aplaudido hasta ahora sus críticas a los ricos. 

 

3. La diferencia entre Jesús y sus partidarios radica en la forma de considerar al jefe de publicanos. Mientras Jesús lo considera una persona y lo llama por su nombre («Zaqueo, baja…»), sus partidarios lo desprecian («un pecador»). Ellos se dejan guiar por una ideología que condena al rico, mientras que Jesús se guía por la fe («también Zaqueo es hijo de Abrahán») y por su misión de buscar y salvar al que se ha perdido.

La historia de Zaqueo recuerda las parábolas del hijo pródigo y de la oveja y la moneda perdidas.

 

4. La conducta de Zaqueo supone un cambio radical y muy duro. Sin que Jesús le exija nada, por pura iniciativa, da a los pobres la mitad de sus bienes y está dispuesto a restituir cuatro veces si se ha aprovechado de alguno. Y esto es lo que Lucas pretende enseñar: incluso un rico hipotéticamente injusto puede convertirse y salvarse; pero no basta invitar a Jesús a comer, debe darse un cambio profundo en su vida, con repercusiones en el ámbito económico. 

 

5. Finalmente, la conducta de Jesús con Zaqueo trae a la memoria el refrán castellano: «más moscas se atraen con una gota de miel que con un barril de hiel». Jesús podía haber criticado y condenado a Zaqueo. Sus seguidores lo habrían aplaudido una vez más. Y Zaqueo habría seguido explotando al pueblo. 

 

El Evangelio de este Domingo nos invita a recordar la Ternura de Dios hacia nosotros que somos frágiles y muchas veces fallamos. La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría (11,22-12,2) es un excelente complemento al evangelio.

 

 

El Amor de Dios, nos apremia, quien lo experimenta se transforma. también a los tibios o no practicantes, La ternura de Dios hace a sus fieles siempre nuevos; aunque sean ancianos, «les renovará el vigor, subirán con alas como de águila, correrán sin fatigarse y andarán sin cansarse» (Is 40,31). Saberse amado por Dios genera alegría, La alegría del Evangelio que llena la vida de la comunidad de los discípulos y esta es una alegría misionera.

 

Los invito a no olvidar nuestro compromiso misionero, a ser testigos del Amor de Dios. Amén.

+ Faustino Armendáriz Jiménez

Administrador Diocesano de Querétaro

Arzobispo electo de Durango