XV Domingo Ordinario

“La tierra buena, esperanza de Dios.”

Mt 13

Al llegar a este momento de su evangelio (c. 13), el horizonte ha comenzado a oscurecerse. Lo que comenzó tan bien, con el seguimiento de cuatro discípulos, el entusiasmo de la gente ante el Sermón del Monte, los diez milagros posteriores, ha cambiado poco a poco de signo. Es cierto que en torno a Jesús se ha formado un pequeño grupo de gente sencilla, agobiada por el peso de la ley, que busca descanso en la persona y el mensaje de Jesús y se convierten en “mis hermanos, mis hermanas y mi madre”. Pero esto no impide que surjan dudas sobre él, incluso por parte de Juan Bautista; que gran parte de la gente no muestre el menor interés, como los habitantes de Corozaín y Betsaida; y, sobre todo, que el grupo religioso de más prestigio, los fariseos, se oponga radicalmente a él y a su doctrina, hasta el punto de pensar en matarlo.

San Mateo está reflejando en su evangelio las circunstancias de su época, hacia el año 80, cuando los seguidores de Jesús viven en un ambiente hostil. Los rechazan, parece que no tienen futuro, se sienten desconcertados ante sus oponentes, no comprenden por qué muchos judíos no aceptan el mensaje de Jesús, al que ellos reconocen como Mesías. Las cosas no son tan maravillosas como pensaban al principio. ¿Cómo actuar ante todo esto? ¿Qué pensar? San Mateo, basándose en el discurso en parábolas de san Marcos, pone en boca de Jesús, a través de siete parábolas, las respuestas a cinco preguntas que siguen siendo válidas para nosotros:

       ¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús? ― Parábola del sembrador.
       ¿Qué actitud debemos adoptar con los que rechazan ese mensaje? ― El trigo y la cizaña.
       ¿Tiene algún futuro este mensaje aceptado por tan pocas personas? ― El grano de mostaza y la levadura.
       ¿Vale la pena comprometerse con él? ― El tesoro y la piedra preciosa.
      ¿Qué ocurrirá a los que aceptan el mensaje, pero no viven de acuerdo con los ideales del Reino? ― La pesca.

Este domingo meditamos la primera parábola el próximo las tres siguientes y finalmente en 15 días escucharemos las últimas tres.

Regresemos a la pregunta que el Evangelio de san Mateo quiere responder: ¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús?

La primera parábola, la del sembrador, responde al problema de por qué la palabra de Jesús no produce fruto en algunas personas. Parte de una experiencia conocida por un público campesino. Basta recordar dos detalles elementales: Galilea es una región muy montañosa, y en tiempos de Jesús no había tractores. El sembrador se veía enfrentado a una difícil tarea, y sabía de antemano que toda la simiente no daría fruto.

Después de escuchar la Parábola es fácil imaginar la cara de desconcierto de los oyentes y los comentarios irónicos a los que se presta. Ni siquiera los discípulos se enteraron de lo que significaba e inmediatamente le preguntan a Jesús: ¿Por qué les hablas en parábolas?

Esta pregunta sirve para introducir el pasaje más difícil de todo el capítulo. “a ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos; pero a ellos no”. No nos detendremos a explicar esto por falta de tiempo, pero si en la gran enseñanza de la parábola.

No olvidemos la pregunta que debemos responder: ¿Por qué la palabra de Jesús no da fruto en todos sus oyentes? Se distinguen cuatro casos.

1) En unos, porque esa palabra no les dice nada, no va de acuerdo con sus necesidades o sus deseos. Para ellos no significa nada la formación de una comunidad de hombres libres, iguales, hermanos, hijos del mismo Padre.
2) Otros lo aceptan con alegría, pero les falta coraje y capacidad de aguante para soportar las persecuciones.
3) Otros dan más importancia a las necesidades primarias (la comida, el vestido) que al objetivo a largo plazo (el Reino de Dios). Dos situaciones extremas y opuestas, el agobio de la vida y la seducción de la riqueza, producen el mismo efecto: ahogan la palabra de Dios.
4) Finalmente, en otros la semilla da fruto. La parábola es optimista y realista. Optimista, porque gran parte de la semilla se supone que cae en campo bueno. Realista, porque admite diversos grados de producción y de respuesta en la tierra buena: 100, 60, 30. En esto, como en tantas cosas, Jesús es mucho más comprensivo que nosotros, que sólo admitimos como válida la tierra que da el ciento por uno. Incluso el que da treinta es tierra buena (idea que podría aplicarse a todos los niveles: morales, dogmáticos, de compromiso cristiano...).

Esta parábola podría leerse también como una llamada a la responsabilidad y a estar vigilantes: incluso la tierra buena que está dando fruto debe recordar qué cosas dejan estéril la palabra de Dios: el pasotismo o desinterés, la inconstancia cuando vienen las dificultades, el agobio de la vida, la seducción de la riqueza. Pero es más importante dar gracias porque el Señor ha sembrado en nosotros su palabra, la hemos acogido y, aunque solo sea un treinta por ciento, ha dado su fruto.

Tú ¿Aceptas el mensaje de Jesús? ¿Cuáles son tus frutos?
¿Eres tierra buena, esperanza de Dios?
 

Pidamos para que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad en el mundo, sea siempre tierra buena que dé muchos frutos y testimonio de Unidad y Alegría.

+ Faustino Armendáriz Jiménez

Arzobispo de Durango 

Asesor Eclesial del OMCC

Nota: Agradecemos su comprensión por los errores involuntarios en la traducción.

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